*CAPÍTULO 50:
ALESSIA
El pacto con la Piedra-Vigía apenas había asentado en los huesos del valle cuando un tipo distinto de temblor empezó a moverse por la casa de la manada, quieto al principio, ese tipo de silencio que se asienta antes de una tormenta cuando todos fingen no oír el viento levantándose a lo lejos. Lo sabía desde hacía tres días, lo había confirmado en la quietud de la bodega de raíces donde el pulso estable de la Piedra hacía imposible mentirme a mí misma, y lo había mantenido