58: Necesito Tiempo. -2
— Déjame aquí, Adri —niega y frunce el ceño.
— No, Roma, te llevaré hasta la puerta de tu casa, se acabó todo esto, odio tener que dejar que vayas en taxi, dejarte lejos porque nadie puede vernos, no lo haré —suspiro y mi corazón se acelera.
— Adrián, por favor, detente aquí, no vas a llevarme hasta la puerta de mi casa —qué hombre terco.
— Dije que no tenía miedo, sigo firme.
— ¡Adrián! Detente —baja la velocidad frenando hasta detener el auto.
— ¿Qué sucede, Roma? —froto mi rostro.