Maya
A la mañana siguiente, a las 7:42 a.m., mamá está otra vez en la cocina, preparando el desayuno.
Está cantando al ritmo del reproductor de música, una vieja melodía que siempre pone cuando está de buen humor.
Papá ya se fue al trabajo. Solo quedamos los tres en casa.
La casa huele a aceite caliente, cebolla y el leve aroma que quedó del guiso de anoche.
Estoy sentada en la encimera de la cocina, con las piernas cruzadas bajo mi corto camisón de dormir. No me puse bragas otra vez; ni siquie