Capítulo 114

En esta ocasión cuando los lobos abrieron sus ojos se encontraron en una pequeña habitación, y aunque sus manos estaban esposadas, estas estaban conectadas a una cadena larga que llegaba al suelo, permitiéndoles poder moverse con relativa libertad en la habitación. Edel fue el primero en abrir sus ojos, observando hacia la nada. Kion solo pudo verle en silencio, ninguno de los dos estaba seguro de que decir en ese momento, ninguno de los dos terminaba por entender la situación en la que se encontraban en realidad. Habían sido engañados de la forma más ridícula que alguna vez pudieron haberse imaginado. Ninguno esperaba que eso pudiera ocurrir, pero lo peor es que ninguno sabía que hacer a partir de ese momento.

—¿Crees que vayan a matarnos? —La voz de Edel sacó al beta de sus pensamientos, dirigiendo su atención hacia él. Kion podía ver al chico que encontró en el bosque, asustado, rendido ante la situación en la que se encontraban, completamente perdido y sin saber que hacer. Era de
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