¿Qué hago a las cuatro de la tarde en el bar de Dominik un domingo y con una botella de Gin?
Emborracharme, eso es lo que hago.
Hoy había sido definitivamente la gota que derramó mi vaso y ya mi interacción con la familia Connelly y con el noventa porciento de los demás ha sido casi nula pues después de esta última barbacoa en la casa de los Scott me enteré de varias cosas que aún me dan vuelta en la cabeza.
Aunque todo partió unos cuantos días antes. Para ser exacta ese maldito viernes.
¡Dios!