Hasta las orejas las sentí caliente, muy caliente. Yaro me miraba, nunca quise creer eso, mi madre fue la única que me lo dijo. Pero papá me parecía tan perfecto. Sin embargo, que ahora lo comentara de ese modo no pude evitar alterarme un poco.
—¿No lo consideras al menos?
Sentí más vergüenza. Todos me miraba, para mí fue una discusión de pareja, algo normal supongo.
—Tenía dieciocho años cuando los escuché discutir por un tema como ese. Pero la verdad no lo creo, ya han pasado más de siete