Yaro detuvo la conversación ahí, buscó mi boca mientras le acariciaba un lado de su costilla. Eso lograba levantárselo. Ese gesto fue el inicio de una noche increíble. En la soledad de la playa, bajo la oscuridad de la noche, con el sonido a fondo de las olas y el deseo de nuestros cuerpos, la ropa fue desapareciendo. Solo deseaba tenerlo en mis entrañas. Con este encuentro sería la cuarta vez que lo hacíamos en el día. Para ser honesta, he deseado lamer por completo a este monumento de concret