Yasar llegó cuando nos dirigíamos a la terraza, esperamos a que cenara algo, él ingresó con su mujer a la cocina y el resto de nosotros nos sentamos en los muebles, Salomé se puso a mi lado; esa sensación de buscarme, de sentirse segura a mi lado me gustó mucho. —puso su cabeza en mi hombro.
—Estoy contigo, mujer bonita. —El último en llegar fue Yasar.
—Bueno, ya el estómago está taqueado. —Se sentaron en el sillón desocupado, pero era uno solo y este cargó a su mujer en las piernas.
—Tengo mie