Cuando desperté esa mañana, Seth ya no se encontraba en la casa. Casi toda la noche me había quedado despierta analizando los últimos tres días; Seth me había tratado de diferentes formas, y ninguna de esas formas logró que mínimamente dejara de pensar en él. Sí, era una masoquista o de plano necesitaba un psiquiatra.
Para ocupar mi mente, salí a correr. No era habitual en mí correr por las mañanas pero la ocasión ameritaba. Luego de dos vueltas enteras de las diez cuadras, me quedé en la plaz