Mi mente estaba tan nublada que ni siquiera podía concentrarme en la universidad. Me pidieron entregar los avances de mi tesis, pero no había hecho absolutamente nada. Ya no tenía fuerzas para seguir fingiendo que todo estaba bien. Regresé a casa y me recosté en la cama, dejando que la tristeza me consumiera durante semanas. La depresión se apoderó de mí, y sentí que no había salida. Sin embargo, llegó un momento en el que supe que era suficiente. No podía dejarme hundir más en la oscuridad.
De