Capítulo 31. Cuarta opción.
Vael Zarkov.
—Сварог, кусай— dispongo y antes de que el doctor llegue, el presa canario sale disparado, derribándolo sin esfuerzo alguno.
Su cuerpo de desploma fácil.
Su grito es de dolor cuando recibe el peso que lo envía a la nieve espesa, en la cual lo encuentro cuando camino. Dos palmadas en el lomo de mi perro bastan para que este se aparte, dándome el espacio que me permite tomarle el cuello de la camisa. Aunque él sigue más alterado por ir con la novia, que por sí mismo.
—Es conmigo—