La luz blanca de la tienda lastimaba sus sensibles ojos. Mía deseaba que su atuendo fuera una sorpresa; sin embargo, Iván insistió en acompañarla. En un día normal, ella vestía unos jeans y una blusa sencilla, más aún si se trataba de atender en la ferretería de su tío.
―Este me gusta ―dijo Iván, mientras señalaba un vestido blanco entallado en el aparador con escote descubierto.
―No estoy segura ―respondió Mía con los ojos entrecerrados. El corte era lindo y se imaginó cómo resaltaría sus curv