Los ojos de Ariadna se concentraron en el personal del hospital, el ambiente acelerado, las paredes blancas. El olor a desinfectante inundaba sus fosas nasales.
Nathan la guiaba hacia la parte más alta del edificio.
Al quedar frente a la puerta, le susurró que repasara mentalmente lo que iba a decir.
Ella asintió, mientras su esposo pedía permiso para entrar. La enfermera en el interior de la habitación les dio el pase.
Ariadna caminó detrás de él, y sus ojos decididos se volvieron titu