El reloj en la pared de la biblioteca marcaba las horas con un tic-tac pesado y constante. Eran casi las 2:00 AM. Conocía los hábitos de Eddie mejor de lo que él creía. Era un hombre de lógica y orden, un ratón de biblioteca que escondía su oscuridad detrás de páginas y tinta. En menos de diez segundos, cruzaría esas dobles puertas de roble.
Hoy no llevaba puesto mi uniforme. Traía la bata de seda, esa de color esmeralda profundo que se deslizaba por mi piel como el agua. ¿Y debajo? Había des