Con un gruñido bajo, Lucio la penetró con potentes y profundos golpes, haciéndola enloquecer de placer. Ella gemía y se retorcía al borde de aquella mesa, con el cuerpo resbaladizo por el deseo mientras él la embestía una y otra vez.
Mientras sus cuerpos chocaban en un apasionado frenesí de lujuria