—Eres hermosa, condenada —le dijo con voz sensual, y la llenó de besos ardientes sobre los hombros, el cuello, la garganta—, tienes un cuerpo perfecto para pecar... —le dijo en voz baja, mientras ella le quitaba el bóxer y dejaba al descubierto su erección—. Me vas a volver loco... ¿verdad?
Ella lo