—¿Dónde se supone que vas?
—Lo siento, pero son asuntos que no me es permitido revelarle.
—¡Soy tu maldito jefe y te exijo que me digas dónde vas!
Explotando de un momento a otro.
—¡No me grite! Es mi jefe, no mi esclavizador, aunque muchas veces se le olvida en qué época vivimos.
—Le dije que me respete, soy su jefe, no un tonto practicante.
—¿Pide respeto? Antes de pedir, debe dar lo mismo, respete para que lo respeten. A mí no me va a tratar como le dé la gana, aprendí en esta vida que no pu