113. Cabaña
Una leve caricia que intentaba imitar la caricia del viento veraniego que quería alejarse del caos de nuestras vidas.
Con lentitud abría los ojos notando a Oliver en vigilia. Miraba por la ventana. Perdido. Sus manos acariciaban con ternura mi vientre. Alexandro mantenía sus ojos en la carretera. Lo recordaba. Era ese camino que poco a poco nos alejaba de Nueva York y nos traía a lo que nuestros padres llamaron “paraíso en la tierra”. El amanecer se dibujaba poco a poco.
Mientras continuábamos,