EPÍLOGO
Cinco años después…
Me duelen los pies por cada paso que doy hacia el panteón, Dara está a mi lado mientras sonríe para trasmitirme esa fuerza que necesito. Las flores en mis manos se sienten más pesadas que nunca y aunque ya han pasado tantos años veo que sigo sin acostumbrarme a esto. Miguel me dijo que debería de dejar de vinir hasta aquí cada día de su aniversario para conmemorar su muerte porque esto me estaba haciéndolo daño, pero por el amor incondicional que le tuve no puedo d