CAPÍTULO 11
Mi respiración está más caliente de lo habitual, Gabriel me observa desde una de las esquinas de la habitación y brinco al escuchar el látigo del cordón de sus botas estrellar contra la piel de su brazo. Trago saliva con algo de dificultad al observar como pasa el pestillo de mi puerta para asegurarse de que no voy a escapar.—¿Estás segura de esto? No me va estar obligando a florecitas inocentes e inexpertas a para que hagan lo que deseo… Además mis gustos son un tanto peculiares…—b