Las risas provenientes de la cocina llegaban hasta el exterior. No era usual que su padre riera a carcajadas. Fabrizio pensó que la pequeña Sara, la hija de Zia, estaba en casa, pero a medida que se acercaba escuchó que la conversación era en español y un acento argentino sobresalía de entre las voces. De repente, sintió cómo su estómago se encogía y sus pulsaciones aumentaban de manera frenética al saber quién era la mujer que con toda seguridad estaba en la cocina. Fabrizio no podía creer su