Seguí hablando:
—Porque, la forma en que lo miró hace un momento fue… fue un poco extraña.
La señorita Alma parecía que había oído un chiste y sonrió con ironía.
—¿Ah, sí? ¿Cómo de extraña?
—Como con rencor… una mirada mala, llena de odio. No sé si me equivoqué, pero me preocupa que, cuando llegue el momento, busque una oportunidad para hacerle daño. Al fin y al cabo, usted es mi salvadora. Me preocupa que él intente perjudicarla a escondidas.
En realidad, eso era lo que sentía de verdad. Se not