Con mi típica sonrisa, me acerqué a Mateo y le dije:—Señor Bernard, ¿me permite ofrecerle una copa si no le molesta?
Sin esperar respuesta, me acerqué para servirle vino.
Pero, de pronto, puso la mano sobre la copa y, mirando a Michael y Javier con una sonrisa burlona, preguntó:
—¿Esto es lo que ustedes consideran talento? ¿Servir vino para quedar bien? Vaya, su empresa sí que anda escasa de talento.
Michael abrió la boca, pero no alcanzó a decir nada. El tranquilo Javier sonrió y contestó:
—Bri