Amanda.
Gracias al cielo estoy sentada, porque de lo contrario ya estaría con el trasero en el suelo.
Siento que floto, todo se vuelve rosa a mi alrededor, mis manos suben a su cuello y no permito que se separe de mi.
Su beso es cálido, tierno, sus manos están en mis mejillas y la verdad es el mejor beso que he recibido en la vida.
A lo lejos escucho como papá se aclara la garganta y a mamá reprendiendolo, Dom y yo, sonreímos al mismo tiempo y nos alejamos de a poco, pegando nuestras frentes.
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