—Mi amorcito ¿Por qué me dejaste sola? Todos me veían raro.
Reclama como si no fuera consciente de que nos descubrieron en el acto, acaso ¿Está loca o que?
—Leila, baja, enserio no te das cuenta del lío en el que nos metimos ¿Cierto?
Soy bastante brusco en mi forma de hablar, pero de nada me sirve un bulto sin cerebro, que en lugar de ayudar me joda.
—No me grites —ahí vamos de nuevo —Parece que te enfadara mi presencia, ayer eras un osito fogoso y hoy un ogro.
—Deja de comportarte como una es