Leila
Despierto en una pequeña camilla, rodeada de ese típico olor a hospital, me duele todo, intento ponerme de pie.
Un agudo dolor atraviesa mi vientre, me quejo en voz alta y enseguida llega una enfermera.
—No se levante, por el momento lo mejor es que siga recostada.
Su tono es plano, pero su mirada refleja una profunda lástima hacia mi, no creo que sea porque me la pasaré el resto de mis días aquí.
—Señorita ¿que me hicieron?
La enfermera me da la espalda y se pone a revisar el monitor que