Miro de reojo a la pequeña niña que dormía muy plácidamente junto con un peluche Suspiro como ni siquiera sabía qué hacer . Aunque de algo estaba segura como nunca abandonaría a esa niña. Era su pequeña Ana ahora. Esteban, la abrazo.
Las lágrimas, se mezclaban en los rostros de ambos .s los dos están muy sensibles en ese instante, Esteban había conocido por muchos años a Melisa
Le había parecido siempre una buena vecina como más predispuesta y una buena mamá. Le dolió en el alma ese triste fina