Thiago está completamente quieto, sus ojos no están ni parpadeando; el médico entra justamente a revisarlo y le alumbra con una intensa luz intentando que él tenga reflejos, pero de nada funciona. De repente el doctor decide darle la espalda, Thiago aprovecha la oportunidad para jalarlo hacia él, para terminar con sus manos más rústicas que antes apretando su cuello, la rabia que lo está consumiendo lo hace apretarlo más intentando tenerlo destruido; Thiago lo suelta dejándole cada dedo plasmad