—No lo haré. —Laura negó con la cabeza. Estaba un poco más cerca de desatar la cuerda.
Nadia entrecerró los ojos, sombría:
—Bien, si no hablas, entonces te destruiré. Si destruyo esta cara tuya, ¡nunca serás capaz de seducir a los hombres!
Nadia estaba completamente loca.
Tomó un cuchillo y quiso rajar la cara de Laura.
Laura, justo a tiempo, se desató las cuerdas y se apartó rápidamente.
Nadia quiso agarrarla.
Laura se echó a correr, pero estaba cubierta de sangre y a los pocos pasos iba a ser