Capítulo 16.
—Bienvenido, Iván —dije con la voz más calmada que pude.
Debía ser un adulto, sé que Iván se comporta como un niño pequeño y le gusta molestarme, así que en esta situación y de nosotros dos, tenía que ser yo la voz de la razón.
Fingiendo serenidad, aunque internamente estaba muriendo, me acerqué a él, dándole un beso suave en la mejilla como bienvenida. Era tan alto que tuve que ponerme de puntitas y sostenerme de uno de sus hombros para conseguirlo, pero él me dejó hacerlo, con mucha más natur