POV de Gerald
Mimi ya no se molestaba en evitarme. De hecho, hoy me pidió que la acompañara a la siguiente parada de la boda: la elección del lugar para el evento.
La calidez inundaba su voz a través del teléfono, esa misma voz que gemía por toda la tortura que había tenido que soportar de mi parte estas últimas semanas.
Sonreí con picardía, sabiendo perfectamente que hoy intentaría tomar represalias por lo mucho que la había hecho sonrojar.
Llegamos a la finca por separado; el coordinador no