Yo jadeé ante la sorpresa y él aprovechó para introducir su lengua en mi boca haciendo que subiera la temperatura.
Acto seguido se recostó sobre mí y a decir verdad no puse demasiada resistencia, lo cierto es que estar tan cerca de Acheron nublaba mi razón, sus manos cálidas me hacían anhelar que me tocara más íntimamente aunque no se lo pedí.
—No puedes estar con nadie más que no sea yo, eres mía Verónica, solo mía.
—No estaba haciendo nada con tu padre —gruñí a pesar de que sus ojos animales