Estaba tan sumida al placer que mis acciones no me pertenecían, yo movía mis caderas como si mi vida dependiera de ello, lo necesitaba más fuerte, más profundo.
Lo busqué con mi mirada y lo encontré arrodillado detrás de mí, mientras me hacía sentir tan extasiada que comenzaba a cuestionar si esto no se trataba de un sueño.
Nuestras pupilas se conectaron mientras él seguía dándome un placer sin precedentes y yo gemía su nombre una y otra vez.
—Acheron...
—Dilo —gruñó él con la voz cargada de pa