Ayer te vi furiosa al leer mi carta, dijiste que era un enfermo pervertido y luego llamaste al maldito de tu ex pero yo no dejé que fuera a por ti, eres mía aunque no lo quieras.
Luego lo entendí.
Leíste la nota una vez más pero él nunca llegó.
Furiosa la arrojaste al suelo y apagaste la luz.
Querías que yo no viera, sin embargo, poco sirvió, mujer.
Te vi caminar desnuda hasta tu cama.
Allí abriste tus piernas como una invitación silenciosa a mí.
Introdujiste tus dedos en tu centro caliente y g