XI

Ayer te vi furiosa al leer mi carta, dijiste que era un enfermo pervertido y luego llamaste al maldito de tu ex pero yo no dejé que fuera a por ti, eres mía aunque no lo quieras.

Luego lo entendí.

Leíste la nota una vez más pero él nunca llegó.

Furiosa la arrojaste al suelo y apagaste la luz.

Querías que yo no viera, sin embargo, poco sirvió, mujer.

Te vi caminar desnuda hasta tu cama.

Allí abriste tus piernas como una invitación silenciosa a mí.

Introdujiste tus dedos en tu centro caliente y g
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