Isabella regresó a Santa Lucía del Valle, seguramente por el caso de Ángela, eso lo sabía muy bien Herman.
—Todo está arreglado—dijo Isabella con un tono aparentemente tranquilo—ya les he dicho a los padres de esos niños que no voy a escribir ninguna carta de perdón.
—¿A qué hora es tu vuelo? Mandaré a alguien de inmediato recogerte—dijo Herman sin dejar espacio para la negociación.
—Señor Pérez, señor—dijo la voz de Luis al teléfono. Isabella no rechazó la amabilidad de Herman y respondió: —El