Frágil caballerosidad.
Frágil caballerosidad.
Aún con muchas dudas bajé las escaleras dispuestas a enfrentar lo que me estaba esperando en el comedor. Había demasiado silencio en la casa, era obvio que el personal de servicio nuevamente nos había dejado a solas, tragué grueso e intenté sacar valor de lo más profundo de mi alma para no arrepentirme.
Tras el arco que da entrada a el elegante salón comedor me encontré con una mesa divinamente dispuesta decorada con el mantel de seda, candelabros y arreglos en finas cri