Horas después, Miguel casi no había dormido nada, la verdad no entendía la actitud de Luciana; sin embargo, decidió ya no insistir más y enfocarse en cuidar a sus hijos, y ganarse su cariño.
Con el semblante descompuesto, tocó a la puerta de la suite de Karla, ella tampoco había descansado del todo, los niños eran bastante inquietos para dormir, apareció con el cabello vuelto un desastre, y tocándose el cuello.
—Hola —saludó con Miguel, lo miró con atención, notó el semblante lleno de contrar