Al día siguiente.
Miguel desde muy temprano salió de la casa de sus abuelos, las mañanas en la ciudad de Cuenca eran demasiado frías, una bruma de niebla cubría las montañas alrededor, pensó en sus pequeños, y el corazón se le estrujó.
Condujo de nuevo hasta la casa de Lu, para mirarlos de lejos, eran casi las seis y cuarenta de la mañana cuando el portón de fierro se abrió, y Luciana apareció, el corazón de Miguel latió con fuerza descomunal, ella sostenía de su mano a Mike, el niño estaba c