Amarte es mi condena. Cap. 49: Perdiéndolo todo.
Al día siguiente cuando Majo abrió sus ojos, miró que el lado izquierdo de su cama estaba vacío, pensó que Salvador estaba en el baño, pero no escuchó el ruido de la ducha, se incorporó con calma, pues en las mañanas solía marearse y tener náuseas.
Entonces encontró un papel en su mesa de noche.
«Tuve que salir a hacer algo importante, no tardo, no olvides tomar las vitaminas, te amo»
Majo se quedó pensativa, sabía que si era algo importante se trataba de Araujo o Sebastián.
«Ojalá no cometas