Amarte es mi condena. Cap. 50: Conflicto de intereses.
Salvador perdió la poca paciencia que le quedaba, se puso de pie y antes de que los escoltas del ministro lo pudieran atrapar se metió al despacho del ministro.
—Tenemos que hablar —dijo con rapidez, porque los escoltas lo agarraron por ambos brazos para sacarlo.
El ministro frunció el ceño, les ordenó a los guardias soltar a Arismendi.
—Doctor, esa no es la manera de entrar a mi oficina —recriminó. —¿Qué desea?
—Quiero ser el abogado que mande a prisión a Araujo —expresó con firmeza y la mi