Amarte es mi condena. Cap. 23: Continuar mi gran teatro.
Arismendi se aclaró la garganta, constató lo que afuera se decía, que estos criminales gozaban de beneficios, pero para eso debían estar involucrados con gente importante.
—No, solo vine a charlar. —Y miró ahí sobre la mesa un juego de naipes.
—¿Charlar? ¿Y qué podría interesarme a mí?
—Mucho, porque imagino que Sebastián Sáenz te dijo que podría evitar que tu esposa se viera involucrada en tus negocios ilícitos, pero te mintió, porque yo tengo entendido que van a expedir una orden de captur