El jefe del pueblo tenía sus dudas, pero de todos modos sonrió a Simona.
—Ya veo, entonces contamos contigo, señorita Galván.
El tractor ya estaba averiado; no le importaba dejar que la celebridad jugara con él. Además, si ella pudiera repararlo, no tendrían que comprar uno nuevo y el dinero se podría utilizar para otras cosas.
Una vez obtenido du permiso, Simona revisó el tractor y rápido encontró el problema. Había algunas herramientas en la oficina del comité, así que las tomó y comenzó a