Sienna
Cuando finalmente abrí los ojos, la luz que se filtraba por las cortinas me pareció demasiado brillante. Me dolía la cabeza, no por dormir, sino por todo lo que había pasado la noche anterior. Mi pecho aún se sentía pesado, como si su peso no se hubiera ido del todo.
La habitación estaba en silencio, excepto por el suave zumbido del aire acondicionado. Me giré lentamente y vi a Jaxon sentado en el escritorio, con su laptop abierta, el teléfono a un lado, los ojos fijos en la pantalla. Su