Sienna
Seguimos besándonos hasta que ambos hicimos una pausa para recuperar el aliento.
Por un momento, ninguno de los dos se movió. El sonido de la ducha llenaba el espacio entre nuestras respiraciones — constante, rítmico, casi como un latido. Entonces él se inclinó, acortando la distancia, su boca encontrando la mía.
El beso fue diferente esta vez — más lento, más profundo. Podía sentir el calor subiendo, extendiéndose desde donde sus manos descansaban en mis caderas. Sus labios bajaron por