Sienna
Mi corazón latía tan fuerte que juraría que Jaxon podía oírlo. El suelo volvió a crujir, lento, constante. Quienquiera que fuera, ya no estaba abajo. Estaba subiendo.
La puerta del dormitorio estaba abierta de par en par, nuestra ropa aún esparcida en la penumbra. El pánico me invadió.
"Mierda, Jaxon..." susurré, ya buscando mi sujetador a tientas.
"Rápido", murmuró, poniéndose la camisa por la cabeza y saltando a sus vaqueros.
En menos de un minuto, ambos estábamos vestidos, aunque desa