Las palabras burlonas sonaban cerca del oído de Javier, pero parecían venir de muy lejos. Todo quedaba fuera de su conciencia; en ese momento, sus ojos solo podían ver a aquella chica. No fue hasta que su compañero le dio una fuerte palmada en la espalda cuando por fin volvió en sí.
—Ya, basta. Casi empieza el acto. No te quedes mirándola como un tonto. Si te gusta, busca la oportunidad de conocerla. Quedarte aquí parado no te va a servir de nada.
Su compañero lo jaló para que siguieran caminand