CAPITULO 21. No eres mi eterno amor
No se por cuánto tiempo estuve sentada en el terminal sin saber qué hacer. Se sentían como horas, pero probablemente hayan sido solo minutos. No cargaba mi teléfono conmigo, cuando salí de la casa solo tomé el bolso de mano donde estaban mis documentos y el dinero. Por lo menos sabía que nadie me rastrearía, y con nadie quería decir Rámses.
Me dolía pensar en él, así que lo evitaba a toda costa, apartaba cada pensamiento que me llevase a tener que enfrentar la cruda y dolorosa realidad, una que