CAPITULO 16. Entonces comenzó un bullyung…
Desperté primero que Rámses, me deslicé de entre sus brazos y cerré la puerta con excesivo cuidado para no despertarlo.
En cuanto llegué a la sala Gabriel estaba sentado en el mueble, su cabeza recostada sobre su puño cerrado, sus ojos cerrados. La visión me enterneció. Entré a su cuarto para cambiarme rápidamente y usar el baño.
—¿Estás lista?—preguntó en cuanto salí y asentí en respuesta. Él bostezó y se desperezó mientras caminábamos.
Subimos los pisos que nos separaban de la casa de Donovan