Capítulo 98. Feroz por fuera, suave por dentro
—Acabé con todos mis enemigos, Avery. ¡Ahora te necesito a mi lado! —dijo Dominic en voz baja y ronca, de pie en el umbral de la puerta de su dormitorio principal.
Un olor penetrante le golpeó la nariz, mezclado con el hedor metálico de la sangre. Su costosa camisa negra lucía ahora apagada, salpicada de manchas húmedas más oscuras que la tela.
Avery se levantó del tocador con el corazón latiéndole con fuerza, sin saber si debía sentir miedo o alivio. Dominic no sonreía; sus ojos afilados se cl