Capítulo 84. Una nueva página
—He extrañado tanto el aroma de la libertad.
William Anderson susurró esas palabras cuando la puerta de la cabina del jet privado se abrió de par en par. El viento cálido de Sicilia los recibió con un abrazo suave.
William cerró los ojos, inhalando un aire que ya no olía a hierro oxidado ni a pólvora. Avery Anderson estaba de pie junto a su padre, sosteniendo el respaldo de la silla de ruedas con manos ligeramente temblorosas.
—Hemos llegado a casa, papá —dijo Avery con la voz cargada de emoció